La
serie de acontecimientos sucedieron en la tierra tal como fueron anunciados en
las profecías, a las que incrédula la humanidad rechazó. Sin darse cuenta se
encaminó a seguir paso a paso aquellas palabras visionarias, cavando una fosa abismal que luego sería su tumba.
Año
3020, la lluvia cae lentamente sobre las
tristes calles de adoquines que dibujan el cuadrillé del plano de una vieja
ciudad despoblada. Centrada en el extremo austral del planeta, descansa, en el
silencioso y fúnebre vacío que quedó como sello de la gran batalla final .
Épocas futuras, en los que una raza extinguida dejó
solo rastros de destrucción.
Las
oscuras sombras, huellas del fuego bajo el que ardió la tierra durante prolongados periodos de guerra,
pintaron de negro y gris las paredes derruidas de las obras arquitectónicas, que alguna vez con
elegancia orgullosas ostentaron majestuosidad alzando la frente hacia los
cielos, ignorantes de la miseria y la hambruna que existía a sus alrededores. Vidrios rotos dispersos por todas partes,
hierros retorcidos, torres enteras derrumbadas convertidas en polvo y otras con signos de haber sufrido la
mordida de una fiera salvaje que intentó devorarlas sin compasión, es el mórbido paisaje que
retrata el último lugar sobre el planeta que resistió a tientas las consecuencias de
una explosión nuclear en cadena, que sin piedad dio un ultimátum a la
existencia humana.
Allí, en ese lugar, el inmenso silencio se contamina bajo los gritos
fantasmales de grandes, niños y ancianos que corren envueltos en la
desesperación. Pueden verse en el vacío, figuras humanas borrosas, imágenes de
almas desencarnadas, madres desgarradas con sus bebes envueltos en mantas entre sus brazos y la desgracia merodeando por sobre sus cabezas, huyendo
hacia todas partes sin dirección, sin
destino con la sola esperanza de salvar
sus vidas reviviendo la historia una y otra vez sin darse cuenta de que ya todo
había terminado.
Y
el cielo llora la muerte, cada gota pinta un recuerdo sobre las calles. Y la
tierra regada con sangre se lamenta, lava sus heridas con un río que se fue
formando al acumularse el agua de lluvia. Agua bendita que durante años había
dejado de caer. Cada cráter una herida, cada estruendoso rugido del cielo conmociona
las calles y hace temblar cada partícula de las pocas paredes que quedan en
pie…cada rayo una luminosa esperanza de resurrección…
Los
árboles yacen sobre el suelo calcinados, algunos, y otros a duras penas se
sostienen unos sobre otros entrelazados en un abrazo solidario; la savia se
derrama por sus heridas abiertas, intentando curarlas en un inútil intento de sobrevivir
a las consecuencias.
Las
gotas caen y el cielo sigue derramando sus lágrimas sobre la superficie sin poder enfriar el fuego que aun quema sus entrañas, buscando limpiarle el
rostro y quitarle los cúmulos de cenizas.
Un
forastero camina por las calles desoladas, y hasta la nada misma se asombra, no
se sabe de dónde viene, ni como sobrevivió. La posibilidad de que en algún
lugar del mundo existiese algún sobreviviente era prácticamente nula, sin
embargo el misterioso caballero apareció, vino de algún lugar y su presencia se hace
sentir.
Con
elegancia se pasea tranquilamente por las calles de adoquines y sus pesados
pies, provistos de negras botas, chapotean en los charcos con cada pisada que
da a su paso.
Lleva
una capa negra que lo cubre casi por completo y un sombrero debajo del que
oculta un rostro de sepulturero y que le da un toque lúgubre a su extraña
personalidad.
Mira
hacia todos lados, mientras camina observa minuciosamente, asoma su cabeza por
entre los ventanales rotos. Trepa por los escombros de los edificios derruidos sin importarle la lluvia y sin miedo a derrapar, buscando quién sabe qué,
quizás algún rastro de vida humana.
Detrás
de él camina la muerte portando orgullosa su afilada y reluciente oz, feliz de
haber cegado la mala hierba que contaminaba la tierra. Su cosecha fue abundante
pero aun así iba por más. Solo esperaba encontrar, acompañando al extraño
personaje, el último vestigio de vida..
Los
días pasan, el tiempo es raudo y veloz, y su búsqueda no cesa, nada le impide continuar. Parece nunca agotarse, un oscuro corazón
poseído por el odio de alguien quien alguna vez fue amado y que con la
mentalidad de un sicario habrá de inmolarse al cumplir la misión para la cual
fue encomendado.
La tinta del caos
29 de mayo, 2015
Der. Res.
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| Un forastero camina por las calles desoladas, y hasta la nada misma se asombra... |

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